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Orar

Lunes, 18 de septiembre de 2028

Lunes de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario · Verde · Año par (II)

Las lecturas del día

Primera lectura

Si hay divisiones entre vosotros, lo que menos hacéis es comer la Cena del Señor

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 1Cor 11, 17-26. 33

Hermanos:

Ya que les hago esta advertencia, no puedo felicitarlos por sus reuniones, que en lugar de beneficiarlos, los perjudican. Ante todo, porque he oído decir que cuando celebran sus asambleas, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Sin embargo, es preciso que se formen partidos entre ustedes, para se pongan de manifiesto los que tienen verdadera virtud.

Cuando se reúnen, lo que menos hacen es comer la Cena del Señor, porque apenas se sientan a la mesa, cada uno se apresura a comer su propia comida, y mientras uno pasa hambre, el otro se pone ebrio. ¿Acaso no tienen sus casas para comer y beber? ¿O tan poco aprecio tienen a la Iglesia de Dios, que quieren hacer pasar vergüenza a los que no tienen nada? ¿Qué les diré? ¿Los voy a alabar? En esto, no puedo alabarlos.

Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.» De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía.» Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.

Así, hermanos, cuando se reúnan para participar de la Cena, espérense unos a otros.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

Sal 39, 7-8. 9. 10. 17 (R.: 1Cor 11, 26b)

Proclamen la muerte del Señor, hasta que él vuelva.

Tú no quisiste víctima ni oblación;

pero me diste un oído atento;

no pediste holocaustos ni sacrificios,

entonces dije: «Aquí estoy.» R.

«En el libro de la Ley está escrito

lo que tengo que hacer:

yo amo, Dios mío, tu voluntad,

y tu ley está en mi corazón.» R.

Proclamé gozosamente tu justicia

en la gran asamblea;

no, no mantuve cerrados mis labios,

tú lo sabes, Señor. R.

Que se alegren y se regocijen en ti

todos los que te buscan,

y digan siempre los que desean tu victoria:

«¡Qué grande es el Señor!» R.

Aleluia

Jn 3, 16

Aleluia.

Dios amó tanto al mundo,

que entregó a su Hijo único;

todo el que cree en él tiene Vida eterna.

Aleluia.

Evangelio

Ni siquiera en Israel encontré una fe semejante

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas Lc 7, 1-10

Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor.

Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: «El merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga.»

Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo -que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes- cuando digo a uno: " Ve", él va; y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "¡Tienes que hacer esto!", él lo hace.»

Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: «Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe.»

Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

Palabra del Señor.

Leccionario · texto bíblico de «El Libro del Pueblo de Dios». Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Las oraciones de la Misa de hoy

Las antífonas y oraciones del Misal para este día, en el orden de la celebración.

Antífona de entrada

Señor, concede la paz a los que esperan en ti, para que se compruebe la veracidad de tus profetas. Escucha la oración de tu servidor y la de tu pueblo Israel.

Oración colecta

Míranos, Dios nuestro, creador y Señor del universo, y concédenos servirte de todo corazón, para experimentar los efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Escucha nuestras súplicas, Señor, y recibe con bondad la ofrenda de tu pueblo, para que los dones presentados en honor de tu nombre sirvan para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión

¡Qué inapreciable es tu misericordia, Señor! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas.

Oración después de la comunión

Te rogamos, Dios nuestro, que el don celestial que hemos recibido impregne nuestra alma y nuestro cuerpo, para que nuestras obras no respondan a impulsos puramente humanos sino a la acción de este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Misal Romano, 3ª edición típica — aprobado para Chile (Prot. N. 453/08/L, 7 de julio de 2008). Publicado con autorización del Arzobispado de Santiago.

Lecturas del día — Parroquia San Diego de Alcalá